lunes, 30 de abril de 2012

Encuentros

                                         Jordi y Eva


-Mamá, vamos que me tengo que ir ya. Te recuerdo que mi tren sale dentro de una hora y mientras llegamos a la estación y nos despedimos se nos van tres cuartos..
-Ya estamos. Vamos Pauli que no llegamos.

Al cabo de un par de horas ya estaba en Madrid, dispuesta a coger el vuelo hacia las Américas. Al día siguiente llegué, y que alegría que justo llegaba un sábado, con el día libre, y  con ganas de coger la ciudad por banda y recorrerme todas las tiendas de arriba a abajo. Justo cuando llegué dejé las maletas en mi casa, y cuando cogí las llaves sonó el teléfono: 
-¿Paula? Oye que soy yo, Frank. ¿ Cómo ha ido el vuelo? No quiero meterte prisa pero recuerdo que antes de las vacaciones me prometiste dejar acabado los informes de la empresa..
- Ay si, claro. Los tengo hechos, el lunes a primera hora los llevo. Voy a dar una vueltecita y esta noche lo preparo todo sin falta. Por cierto, ¿ qué hay de las negociaciones con Asia? ¿ Siguen en pie?
- Sí, han cedido por fin. El miércoles se requiere tu presencia en la reunión con el empresario japonés, que no me acuerdo ni de su nombre, para hacer el pacto.
-Genial, el lunes nos vemos, cuídate.

Salí de mi casa; fui a tomarme un café helado para coger fuerzas a la cafetería de enfrente de mi dulce hogar.. ¡ qué ricos están! Los echaba de menos.. Luego me compré un par de trapitos y un nuevo felpudo para mi casita, que era lo que más me gustaba cada vez que regresaba a ella: cambiarlo.

Encontré pocas caras conocidas: a Sam y a Louise, que volvían de hacer deporte y no me quisieron dar dos besos imaginaos por qué.. a Tom, un trabajador de mi empresa, que me saludó como diciendo: ¿qué hace la pesada de mi jefa esta otra vez aquí..? Creo que solo me echaron de menos los perros de la protectora de animales a la que asistía cada sábado por la tarde para ayudar a unas amigas que trabajan allí.

Justo cuando salí de aquel apestoso pero adorable sitio, di a parar a la calle Long Tree, la calle donde se encontraban las grandes fortunas de la ciudad: ¡oh! ¡por qué! Huelo a caniche y yo paseando por estos lugares.. uff Y eso fue lo de menos. Precisamente cuando estaba sacando un par de toallitas del bolso y las llaves, vi a un chico que me recordaba a él, con una gorra de Los Ángeles, y de la mano de una chica. No estaba seguro de que fuera él, pero al escuchar su voz y decir: Eva, cruza, la casa está en la avenida de enfrente. Supe enseguida que era él, Jordi, y tal como lo recordaba. Pero antes de preguntarle se quitó la gorra, y me hizo una especie de referencia:
- Mademoisselle Paula? Je suis ton ex Jordi. Encantado de encontrarme contigo otra vez.
Efectivamente, era él..
- Jordiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, es que sabía que eras tú (risas). ¿ Qué haces por aquí? ¿ Vienes de turista o a trabajar? Ay, perdona, soy Paula.. y tú eres..
-Eva, soy Eva. Encantada, dos besos.
Muaks muaks, sonó
- Estás guapísima, Pauleta. Oye dame tu número, y dentro de 20 minutos te llamo y vamos a tomar algo, que tengo que enviar un paquete a España
- Estupendo, see youuu, dije.



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