martes, 1 de mayo de 2012

Encuentros (V)

                                 PACO Y FRANK


Mi padre siempre se entregaba mucho a su trabajo, de tal modo que era el ojito derecho de sus jefes. Conocía a grandes empresarios, como a Paco Costa, el jefe de la empresa donde trabajo. Mi padre le había hablado muy bien de mí, así que cuando terminé de estudiar empresariales ya tenía un trabajo al otro lado del océano.
     Cuando llegué a la empresa, primero, me tenían que hacer una entrevista para ver qué tal se me daba. Me llevaron a una sala y me encontré a un chico que estaba en la misma situación que yo. Era de mi estatura un poco más quizá, ojos azules muy claros, pelo rubio rubio rubio, pero dorado, y blanquito como yo. Nos saludamos, él era Frank Stuart, su padre era en Manhattan y su madre española, de Galicia. Nos cogieron a los dos y al día siguiente ya estábamos trabajando.
   Como éramos los únicos españoles, al igual que el jefe, que trabajaban en la empresa, pronto Paco nos cogió cariño. Paco tenía 57 años, vivía con su madre a pesar de ser millonario, y tenía un hermano con el que no tenía muy buena relación que digamos..Justo al año de estar allí a Paco le diagnosticaron un tumor cerebral. Nuestras expectativas de seguir trabajando iban decreciendo cada vez más. A los tres meses de diagnosticárselo, Paco falleció. Acudió mucha gente al entierro y hubo muchos interesados en conocer el patrimonio que disponía mi jefe. Al parecer tenía una maravillosa casa en el centro de Nueva York, y no sé de qué me asombro, si Frank y yo ya habíamos estado incluso varias veces.
   Cuando vino el notario y el resto de abogados para ver la herencia y ese rollo, nos dijeron que Frank, yo y la madre de Costa debíamos de estar allí. Nos había dejado a nosotros su casa de NY y la empresa, para que consiguiéramos todo lo que él no pudo, y a su querida y anciana madre le dejó todo su dinero, que podrían ser perfectamente unos 20 millones de dólares.
    Pronto Frank se convirtió en mi mejor amigo, amigo gay por cierto, ya que desde ese momento empezamos a tener una relación más cercana: ahora nosotros éramos los jefes de la empresa y de vez en cuando íbamos a NY a disfrutar de la gran casa que nos había dejado Costa, aunque también hacíamos muchos viajes de negocios. un día fuimos a Japón y todo, y también a Sidney, y otro a Noruega: fue increíble como cambió todo de la noche a la mañana. Con tan solo 26 años y él 27, éramos de los más ricos de nuestra zona y unos peces gordos, además.

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