jueves, 3 de mayo de 2012

Reencuentros (XII)

                                          DANIELA


La echaba de menos. Sí. Había pasado ya dos meses sin verla, y la extrañaba.. ahora la necesitaba más que nunca. Siempre me había ayudado con todo: trabajo, Jordi, decisiones.. Todo.
Era una persona sensible, a veces lo era demasiado, pero a la vez se tomaba las cosas con humor, no a broma, tan solo con humor.. lo cual se lo agradecía bastante.
Una mujer fuerte, valiente, serena, y decidida, todo lo contrario que yo. Linda, atractiva, pero no atractiva de las típicas chicas 90 60 90 de las que se suele decir: está buenorra. No. Atractiva cuando conversabas con ella. Su gracia natural. Su intelecto. Su gracia para moverse y hablar: su labia. Era eso lo que utilizaba para conquistar, esa era su gran arma seductora con la que captaba la atención de cualquier hombre. Dulce, simpática, graciosa.. Qué contaros. Una mujer con la que no echarías un buen polvo, sino que te pasarías toda la noche hablando. Sabía escuchar a la vez que hablar. Sabía dar buenos consejos aunque a veces no se los aplicaba a ella misma, quizá en eso fallaba. A veces creo que le faltaba autoestima, quizá un mal de amor, problemas en los estudios.. cualquier cosa. Aun así consiguió entrar en la universidad y hacer lo que más le gustaba: medicina. Su gran pasión. Andaba mal de dinero, pero con su esfuerzo consiguió lo que muy pocos consiguieron: una beca con la que pudo ir a Galicia a un centro de Neurociencia, en lo que se había especializado. Desde que se instaló allí tan solo la vi un par de veces; siempre que podía escaparme de mi trabajo en verano, o en navidades, pero apenas estábamos tiempo. La última vez que pudimos hablar de verdad fue el día de su boda, aunque habló mucho más ella que yo: que si se había comprado una casa en Orense, que si tenía pensado tener un hijo ya, que si se iba a casar con el hombre adecuado.. Le fui sincera. No se iba a casar con el hombre de su vida. Con el adecuado sí, porque él le quería y estaba dispuesto a seguir haciéndolo y protegerla durante el resto de su vida. Pero no era el que ella quisiera. Desde siempre había estado enamorado de otro, desde bien pequeña. También se portaba muy bien con ella, de hecho le quería. Él decía que le quería como amiga, y yo no estaba tan segura. Era un chico con vicios desde bien jovencito: sus cigarros, sus borracheras, alguna que otra sustancia ilegal..y salir con alguien como Daniela, que la quería, era hacerle mucho daño. Ella no le merecía, y el tampoco se merecía algo tan grande.
En cuanto a Jordi, a veces discrepaban. Ella decía que me comía mucho la cabeza con él, que quizá me precipitaba. Pero en el fondo sabía que si yo le quería, ella lo tenía que aceptar, al igual que yo acepté que se marchara lejos y a su nuevo esposo y nunca nuestra amistad fuera como lo fue antes. Su boda fue el año pasado, y hace dos meses fue ella la que vino a verme. Había dejado a su marido. Yo sabía que tarde o temprano lo iba a hacer, al fin y al cabo su corazón siempre había estado destinado a otra persona: al de los vicios. No me gustaba para él, temía que le hiciera daño, sin embargo, le invitaba a que le dijera lo que sentía, mientras que ella no me apoyaba con Jordi, decía que no nos merecíamos apenas, que éramos muy diferentes. Definitivamente, lo tengo claro, eso fue lo que nos distanció. Tras los dos meses no hay día en que me arrepienta de haber estado con ella en esos duros momentos: en esa lucha de dos príncipes que había dentro de su corazón y una princesa preciosa que no se decidía. En fin, nunca es tarde. En cuanto salimos de Shanghai y llegamos a casa lo primero que hice fue llamarla. Ya no vivía en Galicia, pero seguía siendo una magnífica de la neurociencia, esta vez en Madrid.

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