martes, 1 de mayo de 2012

Encuentros (VI)

                                 EVA SE MARCHA


Después de que Jordi se fuera, Frank me rogó que por favor le acompañara de compras, que tenía ganas de verme y de pasar un rato conmigo; al fin y al cabo hacía dos meses que no lo veía.
   Quedamos en Walden II, justo enfrente de la estación de metro. Yo llevaba el vestido que me había puesto la noche anterior, y él llevaba unas bermudas a cuadros azules y blancos, un polo blanco y unas converse one star blancas también. Los dos llevábamos las mismas gafas: unas ray ban con estilo parecido a las carrera que nos habíamos comprado el año pasado en NY, cuando fuimos con Paco de viaje de negocios, y que por cierto, estaban de oferta: ambas gafas al precio de 80 euros, una ganga vamos.
    Recorrimos toda la avenida hasta llegar al principio, donde se encontraba la tienda de unos amigos de Frank, que vendían ropa de sport y no muy arreglada. Se gastó un pastizal, unos 200 euros en tres trapos de nada. Yo tan solo me compré un par de camisetas que estaban en oferta. Luego continuamos hacia abajo y llegamos a un pequeño centro comercial. Para hacer la gracia, nos hicimos fotos en un fotomatón, haciendo el idiota como siempre: sacando la lengua, en una, con el dedo en la nariz, en otra.. Luego me tocó a mí el turno: me gasté el doble que él en vestidos, preciosos, por cierto. Sobre la una y media decidimos entrar a un Foster a comer, y así lo hicimos. Cerca de las tres salimos de comer y del centro comercial, y fuimos a una heladería que estaba en la vuelta de la esquina. Entramos, nos sentamos, vimos la carta y Frank se levantó a pedir los helados. Mientras tanto entraban Eva y Jordi:
- Hola Pauleta, ¿un helado? A mí también me apetece uno. Y se rieron él y Eva.
- Sí, ahora que hemos terminado de comer nos hace un buen helado.
- ¿Estás sola?
En eso llegó Frank, y se saludaron. Jordi parecía un poco perplejo, pero no dudó en darle la mano, al igual que lo hizo Eva.
- Yo soy Frank, el socio y mejor amigo de Paula. Me guiñó el ojo y me sonrió.
   Al parecer Eva todavía estaba aquí.
Tras los veinte minutos en la heladería, vi como Eva se levantaba. No me había dado cuenta que llevaba una maleta en la mano. Se levantó también Jordi. Se dieron dos besos largos pero en la mejilla y Jordi, como siempre, sacando su lado de niño, le alborotó el pelo tipo la madre de Shin-chan. Luego se acercaron hasta donde estábamos Frank y yo y Eva se despidió de nosotros dos, y Jordi también lo hizo porque dijo que iba a acompañarla al aeropuerto.
   Después de las despedidas, mi camarada y yo fuimos a visitar a la madre de Paco Costa, que la pobre mujer había venido desde San Francisco hasta aquí y conocía poca gente en la ciudad. Después de visitar a doña Concha Sánchez, la madre de mi ex jefe, me fui a casa de Frank, y como eran ya las ocho de la tarde, encargamos un par de pizzas y vimos tres películas: dos de amor y una de acción, tal y como nos gustan a nosotros dos.

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